Voy a dejarme el bigote. Voy a ponerme tacones. No seré ni un maricón, ni un drag queen, ni un transexual.

Voy a oponerme a todas las etiquetas. En este mundo de mierda nadie entiende mi verdad.

Voy a hacer canciones que comiencen por el coro, que se bailen de cabeza y que no te muevan los pies.

Voy a ser de inclinación política ambidiestra, crearé la nación perfecta en donde solo viviré.

Meeting people at the wrong time. That idea wanders around my head. It’s a little disturbing. I refuse to believe that kind of thoughts. When a person appears in your life they just do. No one can do that at the appropiate time if they don’t know you. How can they know? How can you know? Maybe it’s just our unwillingness to accept that some things are not meant to be and that certain people are there to provide something in your life different that what you want them to.

A veces duele que lo que siento sea considerado malo. Yo lo siento tan sincero y tan noble, que no me puedo creer cómo es que es malo, inconveniente, no adecuado, etc… Cuando caigo en cuenta de esa realidad es que empiezo a tragármelo. Pero cuando me lo trago es que empieza a ser tóxico. Me hace daño. Y empiezo a portarme errático. Entonces hay días en que te odio.

De pronto es mejor si solo lo saco y ya. Lo vivo. Lo vivo solo. Y me sumerjo un poco en mundos paralelos, como para no acabar de volverme loco.

Una piel que esté viva

Lo extraño. Extraño todo eso.

Una mano que sostener. Apretar. Tocar ligeramente por encima. Acariciar sus yemas. La sensación de que esa otra mano está viva. Que es parte de alguien que está vivo.

Unos labios que besar. Morder ligeramente. Humedecer. Lamer. Unos labios que mirar antes de aquel momento de cercanía que lleva a lo inevitable. Unos labios que se abren a un mundo de lenguas y alientos juntos. Labios que se aprietan. Que se tocan suavemente. Que se quieren matar y que quieren vivir juntos.

Una piel que tocar. Una piel blanca, lampiña y suave. Una piel caliente por la que se puede sentir la sangre. Sangre en las venas. Una piel que está viva. Una piel que tiene un aroma natural. Una piel que se siente diferente cuando la tocas con cada parte de tu cuerpo.

Un pecho en el cual apoyarse. Un pecho abierto. Un pecho donde descansar y sentir un abrazo.

Un beso. Un abrazo. Una mirada. Unir las manos. Unas caricias en un sofá. Caricias en una cama. Caricias en un cine oscuro. Caricias en un taxi camino a casa. Caricias discretas. Un contacto tímido de manos. Caricias abiertas explícitas. Una caricia en las orejas sentados mientras comparten con amigos.

Una necesidad humana y animal. Emocional y racional.

Lo extraño.

Reflexiones desde una sala de urgencias

Hacía mucho que no me tenía que asomar por uno de esos sitios. La última vez fue en marzo de 2012 por una pizza dañada. Hoy, me enteraría después, fue por cálculos renales. Que dizque pequeñísimos dice el doctor.

Hoy mi música fue la mezcla de pitidos anunciando turnos y conversaciones y diagnósticos de extraños. Y una vez un poco calmado el horrible dolor que me llevó allí me puse a observar muchas cosas.

Por un lado, aprendí resto de diagnósticos diferenciales con el combo de las abuelas diabéticas. Unas señoras de alrededor de 80 años todas con grado de médico de la universidad de la vida, quienes basaban su diagnóstico sobre mí en todo lo que le dio a sus hijos. María Eunice de una acertó y dijo que eran cálculos. No necesitó mis muestras de orina o sangre, ni ver las imágenes de mi TAC.

Oh el TAC. Qué cosa más espantosa. A mí siempre me han dado miedo las máquinas grandes. Y esta te elevaba, te echaba pa’lante y pa’tra’. Hacía ruido. Tenía una luz roja que me caía encima. Me sentí abducido. Experimenté casi todos los efectos que advirtió el médico. Calor en el cuerpo, sensación de estarse orinando, y un sabor metálico horrible. Me dio más susto ese exámen que la posibilidad de tener apendicitis.

Por otro lado un hospital es un sitio triste, donde ves mucha desidia de algunos profesionales. Gente que quizás tuvo sueños que se destrozaron al chocar con el sistema de salud. Otros que te ven como un carro. Otros que se esmeran por dar con el diagnóstico. Eso sí es positivo de la sala de escanografía: Está lejos de todos esos afanes.

También se ve algo de “hospitalidad”. La señora que acompaña a otro paciente y te cede un puesto al verte mal; el señor que llega contigo, te pregunta qué tienes y hace algunos trámites contigo; y las abuelas diabéticas que les han trasplantado hasta las cejas. Señoras robocop.

También se siente raro tener la atención sobre uno y más con estos tiempos modernos. Yo armé un grupito de WhatsApp con familiares y amigos en el que les iba actualizando acerca de cómo iba a todo. La atención es abrumadora pero es bonita.

Y luego está la sensación de estar enfermo y sanar. Aunque me quedan un par de cosas por hacer respecto a estas piedritas en mí. Pero después de un día como hoy estoy preocupado y a la vez contento. El sistema de salud es una mierda y yo no tengo más que una EPS, y hay mil cosas que habría cambiado hoy, pero en estos momentos solo tengo en la cabeza que estoy bien, así sepa que vienen un par de complicaciones.

Pero como reflexión final vino la imagen de tener a una complicación de estas. Y sentí que empezaba el inevitable camino a la vejez. Yo sé hombre yo sé, es ridículo. Solo tengo 27 años. Pero se me hizo inevitable pensar que precisamente, por estar aun joven, son quizás no pocas las veces que tenga que volver a esos espacios. A hablar con las señoras, a escuchar a los pacientes peliones, a luchar en medio de una enfermedad con los egos de los doctores y la coraza de insensibilidad que les impuso el sistema de salud…

De pronto solo tengo miedo. Trato de convencerme, como siempre, de que es normal. Que voy a ser débil y que necesito que me ayuden. Y está bien.

La maldita moda de la monotonía

Para ser sinceros, toda la música está basada en la repetición. La repetición es la que hace que todo se nos grabe, sea un procedimiento de oficina o una canción. Así que piénselo antes de quejarse de que una canción es monótona.

Desde que salió noté que en el mundo pop quien más efectivamente usa la repetición es GaGa. Popopo poker popo poker face. Ale-alejandro Ale-alejandro. Tetetetete stop telephoning me. Pero hay una tendencia muy particular ahora y como se imaginarán, para que esté escribiendo de ella es que no me gusta ni 5.

Es muy usada por will.i.am y Dr. Luke. Te hacen unas estrofas ahí cualquieras, un buen build up, te emocionan esperando el coro y te salen es con un beat horrendo, monótono y que suena a organeta Casio de los 80.

Mientras uno espera que en los coros la canción explote y sea esa la parte representativa de la canción, esta gente nos volteó todo. A mí me causa un cortocircuito en el cerebro.

Aquí unos ejemplos

http://open.spotify.com/user/triplehijueputa/playlist/0jezRHKyzp6aP3CQ6KYF9v

El lenguaje

Creo que es hora de aceptar que no tengo una buena imagen de alguien que no domine o conozca bien otro lenguaje.

Al principio cuando no tenía clara esta idea pensaba que era puro arribismo mío.

Luego entendí que otro lenguaje es otra forma de ver las cosas. Y el lenguaje puede moldear culturalmente a una población.

Cuando uno conoce otro lenguaje es como tener una puerta a otro mundo. Puedes conocer y entender todas las muestrar artísticas o el conocimieto originados en ese lenguaje.

Y en general otro lenguaje es otra forma de ver las cosas. Son otros sonidos y otros colores. Otras pronunciaciones. Otras posibilidades…

Mi paleta

Las ondas sinusoidales son azules.
Las de pulso, rojas.
Las de diente de sierra, verdes.
Las de pulso con PWM, naranjas.

Los sonidos metálicos, las campanas, los platillos, son plateados o dorados.
Las guitarras acústicas son doradas.
Las arpas son azules.
Las celestas y sonidos sintéticos similares son azules o verdes claros.

El pop de los 80 es naranja. Algunas canciones son moradas o rosadas.
El pop de los 90 es un beige “soso”.
El pop de los 2000 es café. Ese pop con toques de R&B y Hip Hop.

La tristeza es azul.
El amor pasional intoxicante es rojo.
El amor de verdad debe ser blanco.
¿Debe?